Es tan fácil sucumbir al odio...
te besa despacio
y te dejas hacer mientras le muerdes la oreja.
Te alimenta con verdades a medias,
llega un momento en que te estiras como un gato
encima de él
y notas cómo sube las manos por tu cuerpo,
el calor llega a tus mejillas
y a veces no sabes cómo
y muchas veces o te importa
ni el por qué.
Simplemente llega
el odio
y se queda.
Jadeas,
sólo si eres fuerte
o difícil
pides que pare,
logras contenerle antes de que te quite la ropa.
En un primer momento es excitante,
pero una vez estáis solos
uno encima del otro
empiezan los problemas.
Quema,
noto cómo empieza,
jugando con mis cosquillas,
arañando mi cerebro.
Desabrocha mi pantalón
pierdo de vista el botón
ha llegado lejos
ya sabe lo que me gusta
o lo que no.
Mas aún estoy a tiempo,
pero va demasiado rápido
y llega
al punto de
no
retorno.
Adiós camisa
Adiós coleta
Adiós...
A Dios le pido que me deje
¿Pero quiero?
Me hincho y me deshincho
Rápidamente.
La rabia está a punto de anegar mis ojos
Cada vez más rápido.
Gritar no me va a servir de nada
ya no
así que me quedo bajo él
bajo su asf nte peso
ixia
y espero.
Espero las consecuencias.