que marcaron los columpios,
sólo diré
de ese día,
llevándonos abajo y arriba
de nuestros propios miedos.
Está hecha de hojas
de polvo de graminias
y alergia.
Y no sé a qué tipo de animal atribuirla.
Porque era primavera
y sin embargo hoy veo ese rastro
como estrellas de escarcha
que no desaparecen bajo mis pies
ni bajo los tuyos.
Sino que tornan en hielo
que resbala.
Hasta que aprendí a distinguir
un capullo integral
de un inmaduro que nunca va a cambiar
y pseudominarte las dos cosas.
Hasta que aprendí a desconfiar de las personas
No sabiendo si podré desaprender.
Hasta entonces no supe lo que son los laberintos.
Sólo te diré que no son los tuyos,
que simplemente no me pierdo en ellos.
Llámame tonta,
pero lo intento.
Y es que o no me topo con paredes
o hay demasiadas que nos separan.
No hablo de ruinas
hablo de puras cenizas.
Sí, las de nuestro fuego
que se llevó todo por delante
por no controlarlo
iba demasiado rápido
era demasiado fuerte
y no nos dejó más
que polvo de escombro
por no saber bien construir.


