martes, 7 de julio de 2015

DECEPCIÓN

La huella imborrable
  que marcaron los columpios,
              sólo diré
                               de ese día,
  llevándonos abajo y arriba
  de nuestros propios miedos.
  Está hecha de hojas
    de polvo de graminias
    y alergia.
  Y no sé a qué tipo de animal atribuirla.

Porque era primavera
  y sin embargo hoy veo ese rastro
  como estrellas de escarcha
  que no desaparecen bajo mis pies
                              ni bajo los tuyos.
  Sino que tornan en hielo
  que resbala.

Hasta que aprendí a distinguir 
  un capullo integral
  de un inmaduro que nunca va a cambiar
  y pseudominarte las dos cosas.

Hasta que aprendí a desconfiar de las personas
  No sabiendo si podré desaprender.

Hasta entonces no supe lo que son los laberintos.

Sólo te diré que no son los tuyos,
  que simplemente no me pierdo en ellos.
  Llámame tonta,
                            pero lo intento.

Y es que o no me topo con paredes
  o hay demasiadas que nos separan.

No hablo de ruinas
  hablo de puras cenizas.
Sí, las de nuestro fuego
    que se llevó todo por delante
  por no controlarlo
  iba demasiado rápido
                          era demasiado fuerte
  y no nos dejó más
           que polvo de escombro
           por no saber bien construir.






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