Esta mañana ojeras negras marcan su rostro, me mira. Bajo corriendo. La encuentro saboreando caramelos.
Ya no son pastillas. Ya no le espera en cada esquina. Nunca he visto a quién busca, a pesar de que siempre la observo desde mi ventana.
Y sólo este día, descubro que ella me buscaba a mí.
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