domingo, 23 de noviembre de 2014

ESPUMAS

Burbujas coloreadas de ámbar, ondas rojas y reflejos amarillos salen con la luz y se mezclan en una sola unidad, que se parte en millones nada más tocar el agua, coronan las olas y hacen brillar al mar. 
Huele a sal. 
Se mueven con vida, a su antojo, tanto como su dueño les permite, pues están prendidas por la correa que forma la espuma, arrulladas por la mar, llevándose y trayendo risas y gritos, amores y desamores. 
Las piedras del fondo sonríen iluminadas y la arena se deja transportar de un mundo a otro, suave, quejándose de vez en cuando.

¿Y cómo diría que hay días buenos si no hubiera días malos? 
¿Y qué es un día malo, sino un par de decisiones?  

Las burbujas son marrones y el cielo pasa de gris a negro en segundos. 
Ya no hay ondas, sólo hay enormes olas que parecen querer barrer todo a su paso. 
Luces que quieren partir el océano, ruidos que espantan. 
Ya no huele a nada, ya no puedo ver nada, parece que toneladas de agua cierran mis ojos.
El viento aúlla y remolca el mar, el frío invade las piedrecillas, que no saben a dónde van. La arena se mezcla, es tierra, es sal, es grafito.


Ahora el mundo se ve dibujado, 
en blanco y negro, 
en colores, 
en palabras, 
en idas y venidas, 
en elecciones.
Como tú lo quieras pintar, así estará.
Sólo elige.
Y no te arrepientas, lo pasado, pasado está.



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